HegemonIA

HegemonIA

Occidente enfrenta un momento crítico en la desatada "guerra digital" contra China por el liderazgo en el desarrollo de IA. La Casa Blanca declaró hace unos meses que la Inteligencia Artificial es un asunto de Seguridad Nacional, lo que refleja la importancia estratégica que el país otorga al avance en este ámbito tecnológico.

La latencia, en el ámbito de las comunicaciones digitales, consiste esencialmente en el tiempo que tarda un mensaje (datos) en viajar desde su punto de origen hasta su destino. Una latencia ideal es la más baja posible; es decir, cuando no se produce un lag o retardo en la transmisión del paquete de datos de un lugar a otro. Este concepto se hizo muy conocido durante la pandemia, cuando nos acostumbramos a las reuniones por Zoom, en momentos en que las redes de Internet colapsaron debido a su saturación, ya que todos utilizaban la red simultáneamente. Los gamers también pueden confirmar esto, ya que constantemente ponen a prueba sus conexiones de fibra óptica residencial con juegos en línea como Valorant o League of Legends.

Un juego de ajedrez

El uso de los Modelos Extensos de Lenguaje (LLM), que popularmente estamos llamando "usar Inteligencia Artificial (generativa)" en forma de "GPTs" en la cotidianidad busca día a día, la menor latencia posible en su respuesta, y ahora desafía no solo las redes de telecomunicaciones, sino también los datacenters que reciben las solicitudes de inferencia de los LLMs, a las fábricas de microchips (GPUs) que potencian la capacidad de procesarlas, y, por ende, a la demanda energética. En Chile, junto a la notable capacidad de recambio de energías fósiles por renovables no convencionales, y la infraestructura de telecomunicaciones, todos los gobiernos han seguido una línea de fomento que, por ejemplo, permite la construcción de Data Centers o hubs tecnológicos de primer nivel, incluyendo la bienvenida a las grandes tech. No es menor, entonces, la iniciativa del presidente Javier Milei, al otro lado de la cordillera, de reactivar el desarrollo de la energía nuclear en Argentina, buscando convertirse en una potencia atómica mundial y así posicionarse también en el desarrollo de IA gracias a esa capacidad, por ahora en potencia. Así, encuentra en Estados Unidos un aliado estratégico, especialmente gracias a su amistad con Elon Musk y el recientemente asumido Donald Trump.

Trump ft. Tech tycoons

Esta semana, Donald Trump ha vuelto a asumir la presidencia de los Estados Unidos, enfrentándose a un panorama político y tecnológico muy distinto al anterior. Sin duda, derrocha energía en cada intervención y astucia en cada movimiento. A diferencia de su primera gestión, inicia este mandato con un gran optimismo. Además del respaldo popular y político –ganó la elección, el voto popular y domina el poder legislativo con holgura–, cuenta ahora con el apoyo de los CEO de las empresas tecnológicas más influyentes de Estados Unidos, cuyo enfoque actual se centra en el desarrollo y control de modelos avanzados de Inteligencia Artificial (IA).

Este acercamiento inusual entre Trump y figuras como Jeff Bezos, Mark Zuckerberg o Tim Cook (CEO de Apple), quienes anteriormente se inclinaban abiertamente hacia los demócratas, ha generado múltiples interpretaciones, ya que no es una casualidad. Durante la campaña, estos líderes tecnológicos comenzaron a realinear sus posturas en temas clave como la libertad de expresión y el control de las plataformas digitales. Por ejemplo, Zuckerberg relajó las políticas de moderación en Meta, anunciando en sus propias redes la eliminación de los verificadores de datos independientes y adoptando un modelo de "Notas de comunidad", similar al de "X". Este cambio parece estar influenciado por las ideas de Elon Musk, ahora jefe del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), quien defiende una visión maximalista de la libertad de expresión en medios digitales.

Una nueva guerra fría

Occidente enfrenta un momento crítico en la desatada "guerra digital" contra China por el liderazgo en el desarrollo de IA. La Casa Blanca declaró hace unos meses que la Inteligencia Artificial es un asunto de Seguridad Nacional, lo que refleja la importancia estratégica que el país otorga al avance en este ámbito tecnológico.

Desde el lanzamiento de ChatGPT (OpenAI) en noviembre de 2022, la carrera por desarrollar modelos de lenguaje de gran tamaño (LLMs) no ha hecho más que intensificarse. Grandes compañías como Meta, Google y NVIDIA, por mencionar las más conocidas, han presentado sus propias soluciones, en una carrera que mes a mes y semana a semana aumenta su velocidad, llegando a lanzamientos cada mes o incluso, cada semana, luchando por la pole position, incluyendo increíbles modelos de código abierto (Open Source) que permiten a cualquier experto fuera de la compañía modificar y ajustar para sus fines –programación de código o versiones mini para dispositivos móviles, por ejemplo–, lo que constantemente es cuestionado por gobiernos de turno en occidente, pareciendo ya una batalla perdida por a la lentitud de la política de llegar a tiempo con una regulación óptima, mientras esta competencia no se detiene un solo minuto.

China respirando en la oreja de occidente

Trump tiene en sus manos, entre otras cosas, aplicar o no algunas restricciones anunciadas por la gestión de Biden, pero que, al lado de Elon Musk parecen estar lejos de ser ejecutadas. China, una zona oscura para los ojos del mundo –no sabemos qué están haciendo más allá de lo que publique alguna Startup local–, no deja de lanzar de versiones mejoradas y basadas en los mismos GPT occidentales, y ha mostrado avances significativos, muchas veces superando en los benchmarks a las versiones originales; esta semana, MiniMax de Hailuo AI lanzó un completo tech stack de Chat, Video y Audio generativo, completamente abierto y con altísimas capacidades, al igual que el modelo R1 de DeepSeek, competidor directo de “o1” de ChatGPT, OpenAI, versiones de “razonamiento” que se espera lance preliminarmente “o3” durante los próximos días a todo público.

Pero el impulso actual del desarrollo de la IA en Estados Unidos no solo tiene implicaciones tecnológicas, sino también económicas y geopolíticas. Por un lado, la IA promete revolucionar sectores como la educación, la salud y la eficiencia gubernamental. Por otro, plantea desafíos éticos sobre privacidad, uso responsable y monopolización del conocimiento. Algunos medios escépticos y críticos de lo que está ocurriendo habla de “los oligarcas”, para referirse al grupo de Tech CEOs que acompañaron el día lunes 20 en la fiesta inaugural y, en adelante, acompañando las grandes inversiones en desarrollo de IA, como el Proyecto Stargate, recién anunciado como un megaproyecto, solo comparable con el Proyecto Manhattan o el Programa Apollo. Hace algunos días, el exministro Andrés Velasco, en el coloquio IDEA en Argentina, mencionó la relevancia que ha tenido esta temática en la academia europea —actualmente es decano en la LSE de Reino Unido—, resaltando que la "Geoeconomía" es el mainstream de los másteres para especializarse, ya que tecnología y la política hoy influyen más que nunca en la dirección que toman las economías del mundo. Así, los parámetros tradicionales que hemos conocido hasta ahora no son suficientes por sí solos para analizar o resolver los problemas del futuro.

Quedarse con la hegemonIA

El momentum en que nos encontramos nos exige mirar más allá de las divisiones políticas e ideológicas. No vivimos tiempos normales, sino revolucionarios. La Inteligencia Artificial puede ser una herramienta positiva y transformadora para la humanidad si es utilizada con responsabilidad, pero sus riesgos, como los de un arma nuclear preparada para detonar, no podemos ignorarlos. Es una carrera vertiginosa por un Nuevo Orden Digital.

La tecnología y la política están más entrelazadas que nunca. Los movimientos de occidente, liderados por EE.UU., o de China, nos obligarán a mirar con atención quién se mueve mejor, sin latencias, y quedándose con la HegemonIA.