En los años 90, Microsoft gastaba millones en campañas como "Get the Facts" para desacreditar a Linux, tachándolo de inseguro y amateur. Pero el modelo colaborativo demostró ventajas irrefutables.
En 1991, un estudiante finlandés llamado Linus Torvalds lanzó un kernel de código abierto que desafió el monopolio de Microsoft y Apple. Tres décadas después, Linux no solo alcanzó una porción de 4,5% del mercado global de sistemas operativos, sino que se convirtió en la columna vertebral del 90% de la nube pública. Hoy, la inteligencia artificial (AI) vive un momento similar: mientras gigantes como OpenAI y Google mantienen sus modelos bajo llave, proyectos open source como DeepSeek-R1 (China) o InstructLab (Red Hat) demuestran que la apertura no es una utopía, sino una estrategia de supervivencia en un mundo fracturado por guerras tecnológicas.
Lecciones de Linux
La historia se repite. En los años 90, Microsoft gastaba millones en campañas como "Get the Facts" para desacreditar a Linux, tachándolo de inseguro y amateur. Pero el modelo colaborativo demostró ventajas irrefutables:
Innovación acelerada: El 31% de las empresas adoptaron Linux para servidores empresariales gracias a su flexibilidad.
Reducción de costos: Sistemas como Ubuntu permitieron a PyMEs acceder a tecnología de clase empresarial sin pagar licencias.
Resistencia geopolítica: Rusia y China migraron a Linux para evitar dependencia de Occidente, un patrón que ahora se replica en IA con proyectos como DeepSeek, cuyo modelo rivaliza con GPT-4o, incluyendo los niveles de “razonamiento” de o1 y o3, con su versión R1 y R1-Zero usando solo el 5% de recursos. Este momento se ha catalogado como el “Momento Sputnik” de China en IA.
Una “Tech Cold War”
EE.UU. y China han convertido la IA en un campo de batalla. La elección de Donald Trump como Presidente de EE.UU. parece tener un timing ideal para esta situación, que le echa más leña al fuego, con OpenAI junto a SoftBank impulsando junto al nuevo gobierno, a días de asumido, el Proyecto Stargate, con una inversión billonaria. Mientras Washington restringe chips Nvidia y acapara talento –con EE.UU. declarando la IA como tema de seguridad nacional–, Beijing responde con modelos eficientes como DeepSeek-R1, que supera o empata a sus rivales en tareas de razonamiento, pero con menos GPUs.
En este escenario, el open source emerge como el gran equalizador. Esta última semana, además, OpenAI indicó que dará modelos de IA al gobierno de EE.UU. para seguridad de armas nucleares. ¿Alguna duda de lo que estamos hablando?
Unión Europea: Regulación vs. Innovación
Mientras tanto, el AI Act europeo, que impone multas de hasta €35M por incumplimiento, podría ahogar a PyMEs si no se equilibra con incentivos al desarrollo open source. Aquí la paradoja: aunque la UE promueve "IA confiable", el 78% de las empresas temen que la burocracia las relegue frente a China y EE.UU. Una señal más clara está a mano en Alemania, donde el gobierno financia GAIA-X, un cloud soberano basado en Kubernetes open source.
Oportunidades emergentes
El código abierto permite, por ejemplo, en la academia, que Universidades como NYU usen PyTorch para investigar LLMs éticos, evitando costosas licencias de MATLAB. En los gobiernos, que Estonia desarrolle su e-Residency con herramientas open source, ahorrando $88M anuales. A las startups, que empresas como Stability AI logren una valoración de $1B usando modelos públicos como Stable Diffusion.
No es una tendencia, es geopolítica
Se especula que OpenAI (ChatGPT) analiza seriamente abrir versiones de código abierto, aunque no es una prioridad inmediata. El open source en IA no es una moda, sino una jugada geopolítica, y una vía única para evitar un futuro donde la inteligencia artificial sea controlada por corporaciones o superpotencias; ya se habla de una potencial “oligarquía” estadounidense en este ámbito. Así como Linux se atrevió a liberar su código y democratizó el software, proyectos como DeepSeek o Qwen (Alibaba) están reescribiendo las reglas desde oriente. Meta, por su parte, se ha ido quedando muy atrás en los benchmarks. Mientras tanto, para los países en desarrollo, esta es la oportunidad de saltar etapas: invertir en comunidades locales, adoptar estándares abiertos y construir soberanía tecnológica. Como en su momento dijo Linus Torvalds: "La innovación ocurre cuando nadie puede detenerte". En Inteligencia Artificial, ese poder ahora está en manos de cualquiera con un computador gamer –DeepSeek ha sido probado en versiones “destiladas” en equipos o servidores con requisitos medios– con conexión a Internet, o incluso, sin necesidad de él en un equipo móvil. La disyuntiva es clara: seguir siendo espectadores de una carrera armamentista tecnológica, o abrir el código para que la próxima revolución de garage pueda venir de Berlín, Medellín o Santiago de Chile.